miércoles, 9 de septiembre de 2009

Aleluyas o Recuerditos en Dulce de Leche


Desde tiempos inmemorables es costumbre en nuestra Guatemala, obsequiar como recuerditos de Bautizos o Primeras Comuniones, figuras elaboradas en dulce de leche o mazapán, tales como palomitas, angelitos, medallones con copones, virgencitas, mojarritas, chivitos, y un largo etc..

El origen de esta tradición se remonta a los tiempos en los que en algunos conventos, las monjitas solían regalar dulces con formas piadosas el sábado de gloria o la Pascua de Resurrección, por eso se les llama Aleluyas.

Cuando yo era niña solíamos ir a las celebraciones de Primera Comunión y el menú casi exclusivo - que por cierto generalmente eran desayunos- eran: chuchitos para los niños y tamal para los adultos, helado con barquillos y una espesa tasa de chocolate caliente (toda una bomba alimenticia pero deliciosa!). El recuerdito que debo haber recibido más veces eran los chivitos, algunas veces eran de azúcar nada más y las más afortunadas de las veces eran de dulce de leche. Daba pena comérselos pero igual me lo iba comiendo por pedacitos a la vuelta del desayuno, si tenía la suerte de que mis hermanos no me hicieran ojos de "el mío se acabó".

Cuando las figuras son de azúcar nada más se les llama Colaciones, igual que las Aleluyas, tienen formas de animalitos, imágines religiosas, hasta de iglesias en miniatura. Se sabe que en la Edad Media se empleaban los confites como un obsequio en los festines y en las colaciones, lo equivalente a los "vinos de honor" de hoy y que se organizaban para agasajar a algún personaje.

En otros países se le llama colación a la refacción, nosotros guardamos este nombre con "sabor a otro tiempo" para estos dulces elaborados en azúcar.

Fuente Bibliográfica: Nuevo Cocinero Americano en forma de Diccionario. Librería de CH. Bouret, París 23. Rie Voscpmto. 23. Publicado en 1,888.




domingo, 2 de agosto de 2009

Nuestra Tradición Gastronómica

Guatemala es un país repleto de belleza por su riqueza natural pero también es hermoso por su riqueza cultural, la cual se manifiesta en la forma de vida del chapín de corazón, de aquella persona que disfruta de lo que hace todos los días haciéndolo "al modo"de los de por aquí. Desde luego que ello incluye lo que comemos y cómo lo comemos.

En este país hay comida especial para todo: en Cuaresma, en Semana Santa, en Pascua...en todo el calendario litúrgico y también el pagano. Además, cada pueblo tiene sus costumbres y no digamos, cada familia.

Sin embargo, nuestra gastronomía se está convirtiendo en "producto nostálgico" pues cada vez más nuestra comida típica se convierte en parte de nuestro pasado al no ser parte de nuestro presente. Las razones son muchas: falta de tiempo, falta de conocimiento, gusto por otro tipo de comida y olvido...

Quisiera pensar que nuestros hijos disfrutan tanto como lo hicimos nosotros saboreando una champurrada con café, que piensan que no hay nada mejor que un plato de hilachas con arroz, que recuerdan sus piñatas con sabor a agua de canela, chuchitos y helado con barquillos.

Estoy convencida de que nuestra comida es un patrimonio cultural que debemos heredar con integridad, por razones nacionalistas si quieren o simplemente porque deseamos que nuestros hijos puedan sentirse orgullos de ser poseedores de algo único: ser guatemaltecos.